Subempleo en Santo Domingo


Viviendo entre escamas

Levantarse temprano es parte de su rutina. Deyvid camina con pesar hacia su triciclo y mira los pescados que sobraron de su anterior jornada. No pudo evitar que se echaran a perder. La venta no estuvo tan buena y la ganancia fue mínima.  Aun así, como todos los días, se pone en pie y sigue su ruta hacia el mercado más cercano para conseguir más productos con fe de que, esta vez, sí los va a vender.

Deyvid y su hijo en el puesto de pescados

Deyvid Valenzuela lleva tres meses vendiendo pescado en las calles de la cooperativa Cristo Vive. Perdió su antiguo trabajo y por la falta de un título universitario no pudo encontrar otra opción. Comenta que, al ver la desesperación en su cara, un amigo le recomendó dedicarse a la venta de pescado. “No podía hacer más que resignarme a vivir de esta forma, porque sinceramente no tengo nada más que dar y este trabajo es lo más accesible para mí”.

En su triciclo lleva no solo su producto, sino también, sus esperanzas. Desde las 7:00 am hasta las 8:00 pm recorre cada lugar que puede en los barrios de la Avenida Los Anturios. Se lamenta, constantemente, el no tener otra opción para llevar el alimento a su familia. Su estilo de vida actual no es algo que el desearía para otras personas. “Cada vez que tengo la oportunidad de hablar con los jóvenes que residen en los barrios que visito cuento mi experiencia, con el fin de que entiendan que estudiar es muy importante, para tener un futuro estable”. 

Su niñez no fue la mejor y desperdició su juventud. Deyvid cada día piensa en qué hubiera pasado si seguía sus verdaderos sueños, si tan solo lo hubiera intentado un poco más, podría hoy ser alguien diferente, alguien que pueda marcar una diferencia. Su rostro muestra pesar y sonríe tristemente, cuando recuerda el pasado.

Su pequeño e improvisado negocio no cubre los gastos diarios de lo que necesita para atender a su familia. La inversión que hace cada mañana al comprar productos frescos para sus clientes es alta comparada con lo poco que gana. Mientras escama los pescados que tiene en el triciclo, cuenta cómo la mala fama de los vendedores ambulantes, lo ha perjudicado y llevado a la crisis.

El pescado que Deyvid vende es fresco, pero las personas piensan que, al no estar en un lugar estable, como en un local, pueden enfermarse y se inhiben de comprarlo. Comenta que ha intentado varias veces cambiar la ubicación del triciclo con el que vende, pero el temor no lo deja. Los municipales recorren y patrullan cada parte del mercado municipal, eso hace que trabajar con calma sea una labor imposible. Por eso se mantiene en la Avenida Los Anturios de la cooperativa Cristo Vive. “Mis compañeros de trabajo fueron perseguidos por la calle Ambato y se les llevaron el producto”, dice, y agrega: “Soy débil en cuanto a salud, a pesar de eso aguanto frío y calor con el afán de salir adelante, por ello ser parte de una persecución, no es algo que me gustaría”.

El triciclo es viejo y el pedalear por caminos empedrados causa un malestar constante en Deyvid, por ello piensa en pedir ayuda y acudir a las oficinas del Municipio de la ciudad para encontrar una mejor forma de mostrar sus productos. “Escuché que están arredando puestos dentro del mercado municipal en la parte de arriba, pero me he dado cuenta de que las personas solo se quedan en la parte de abajo porque está mas cerca a la entrada. Aun así, me gustaría intentarlo, mientras tanto seguiré con mi triciclo”. Ensimismado, mira las últimas libras de pescado sin vender y aprovecha cada segundo que tiene para promocionarlo con insistencia. Pero lo único que recibe, son saludos de parte de sus conocidos y algunos moradores que pasan por el lugar.

Valenzuela espera que las personas puedan entender que el hecho de no tener un puesto fijo en un mercado, no lo hace estafador o un vendedor del cual se debería de tener recelo. Sus únicos deseos son poder darle una vida mejor, de la que él tuvo, a sus hijos. Sin importar el cansancio, el amor y el deber de padre siempre van a ser lo primero en lo que piense cuando se suba a pedalear en busca de compradores.