El aliento de libertad de muchos llega con el famoso y más esperado fin de semana, en donde la noche, el alcohol, la parranda y los panas se convierten en los cómplices perfectos para disfrutar por montones y sin límites.

A vísperas de la media noche la música retumbaba por todos lados. Tras el estruendo melodioso muchos imaginaban sus experiencias y acudían al llamado que vociferaba aquel bullicioso lugar. Alcohol por todos lados, risas, chismes, locura, diversión; un sin número de experiencias con un éxtasis emocional prometía aquel sitio llamado “la Zona Rosa”; uno de los sectores más populares frecuentado por los jóvenes.  

Fuente: Hotel Golden Vista

Jorge y Talico, llamado así por sus parientes más cercanos, formaban parte de aquellos jóvenes que ansiosos esperaban que llegara la noche para partir y gozar como si no hubiera un mañana. La distancia y el tiempo que implicaba llegar hasta aquella zona poco les importaba, pues lo vivido y disfrutado ya nadie se los arrebata, y en una moto emprendían el viaje. A unos cuantos metros de distancia una sensación palpitante invadía sus pechos y la adrenalina empezaba a juguetear dentro de sus cuerpos; sus mentes ya automatizadas y alineadas con sus más profundos deseos ambicionaban el hecho.

En casa lo padres de Jorge sin preocupaciones lo esperaban, pues a pesar de su fuerte inclinación a las distracciones nocturnas tenía bien puesto el sentido de la responsabilidad. La historia era diferente con Talico, un joven que golpeado por la muerte de su hermano menor se hundió en la depresión e hizo del alcohol su mejor aliado para desahogar sus penas. Él era el motivo de las noches en vela y la espina punzante en el pecho se sus padres, quienes vivían con el temor de perder a otro de sus hijos.

Las manecillas del reloj giraban sin parar y conforme pasaba el tiempo la angustia se presentó en el hogar y llegó para quedarse porque entre los cielos ya se anunciaba el alba. Con los nervios de punta los padres de Jorge y Talico insistían con llamadas con la esperanza de que en algún momento contestaran, pero el tiempo sin detenerse seguía su curso y con ello las sospechas de una tragedia irrumpían en sus almas. Tras varias horas de intentos y fracasos sintieron una fugaz calma, pues lograron comunicarse, sin embargo, no era lo que los padres esperaban. La llamada quedó abierta y de ella sólo se podían escuchar ciertos susurros que no les daba la certeza de que se encontraban seguros. En vista de la desesperación el padre de Talico salió sin rumbo a buscarlos, pero no había rastros y los llantos en casa no paraban.

Horas más tarde uno de ellos logró llegar a casa, se trataba de Jorge que sucio semidesnudo y con la vista perdida llegaba en un taxi. Su presencia fue la calma y la angustia, pues apareció solo y con una imagen desdeñada. Luego de unos cuantos minutos encontraron a Talico, quien reposaba sobre una vereda y con la pinta de un borracho que ha bebido sin control. Los padres confundidos no entendían lo que había sucedido la noche anterior y pacientemente esperaron a que sus hijos se recuperaran.  

Al cabo del medio día, el estado de Jorge y Talico no parecía mejorar hasta que los llevaron al centro médico más cercano y nadie imaginaba la noticia que les esperaba.  Los resultados dieron a conocer que se encontraban aún bajo los efectos de una sustancia llamada “Escopolamina”. Loa padres atónitos se miraban entre sí y no lograban comprender aquel suceso.

Ya eran las cinco de la tarde y estos dos jóvenes parecían haber mejorado y una vez conscientes les comentaban lo que había sucedido a sus padres. La historia reflejaba que habían sido víctimas de un presunto secuestro y asalto llevado a cabo por dos hombres de gran estatura que vestían trajes de negro, quienes se infiltraron en el centro de diversión y usaron sustancias químicas en sus bebidas para arrebatarles las pertenencias que estos poseían. Perdieron desde relojes, celulares, dinero y hasta el propio vehículo en el que se transportaban, pero lograron llegar sanos a casa. Jorge y Talico expresaban que esta fue una de las experiencias más fuertes que han tenido a lo largo de su vida y a manera de consejo advierten que, a veces, uno minutos de diversión puede costarte la vida.

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