Tal afirmación puede resultar escandalosa para algunos, en especial para aquellos que esperan que el Estado sea su salvador y les dé todo en bandeja de plata. Por ello, es importante esclarecer varias definiciones para que los “desamparados” entiendan de una vez por todas que la igualdad no es la solución a los graves problemas que sucede en el mundo.

La igualdad ante la ley es la única compatible con la libertad, dado que es la misma es capaz de garantizarse a todos los individuos. En el resto de ámbitos todos somos desiguales, e intentar dicha equidad implicaría tener que transgredir la libertad de algunos para beneficiar a otros.

¿Qué es la libertad? Friedrich Hayek, economista austríaco, la define en su libro Los fundamentos de la libertad  (puedes leer un resumen en nuestra cuenta de ISSUU aquí) como ‘‘ausencia de limitación y coacción’’. Esto significa que el ser se encuentra en un estado de libertad cuando nada le inhibe o exige realizar determinada acción. En otras palabras, un individuo es libre cuando todo aquello que ejecuta es para la consecución de sus propios fines.


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Hayek afirma que “la libertad hace referencia explícitamente al trato de hombres con hombres y que la escueta infracción de la misma no es más que imposición por parte de los hombres”. Es importante tenerlo en cuenta pues nunca faltarán los detractores de esta postura que casualmente acostumbran argumentar que no se goza de libertad para decidir cuando estamos “forzados” a trabajar para conseguir dinero y no morir de hambre.

En cuanto a la igualdad ante la ley, sencillamente consiste en el trato equitativo para todos los seres humanos, indistintamente del género, su religión, preferencias ideológicas entre otros factores. ¿Y entonces por qué es la única compatible con la libertad? Porque cualquier otro tipo de igualdad implicaría violar la libertad de uno o más individuos.

Es cierto que, aunque todos somo merecedores del mismo trato, al final somos distintos. El ser es el único que dispone de un sinfín de capacidades y las limitaciones que puede llegar a padecer dependerán del contexto en el que se desarrollen.  

En conclusión, libertad e igualdad ante la ley no pueden desarraigarse, dado que todos deben tener la posibilidad de vivir su vida acorde a sus decisiones sin impedimentos de terceros. Solo en esa posibilidad todos somos iguales. El mínimo intento por igualar a la sociedad en otro ámbito terminaría por limitar a un grupo en esa igualdad y que su libertad esté a favor de otros.

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