El COVID-19 es el ataque más mortífero que precisa en el siglo XXI y al que el mundo ha confrontado como la más grande contienda de toda la historia.


Esto es más que una crisis de salud, pues está arraigado a nuestra cultura; misma que ha puesto en jaque al planeta y ha afectado a muchos por más tiempo de lo que esperamos.

Este virus aprovecha los vacíos y desigualdades de los sistemas de salud, aislando la importancia de invertir en los profesionales de la salud, la infraestructura sanitaria y los diferentes sistemas para controlar los nuevos brotes del virus. Sin embargo, demasiados países gastan exorbitante presupuesto en la gestión de enfermedades en los hospitales, donde los costos son más altos y los resultados son a menudo peores.

La pandemia COVID-19 inciertamente retrocederá, pero no hay vuelta atrás a la ya extinta normalidad a la que estábamos acostumbrados. A medida que las potencias mundiales trabajan en la cura a esta pandemia, también debemos prepararnos para la próxima.

La historia nos juzgará no sólo en el cómo hemos superado esta pandemia, sino sobre las lecciones que aprendimos y las acciones que tomamos una vez que terminó.

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